Un tiburón blanco en Tossa de Mar

El 17 de noviembre de 1992 Tossa de Mar, localidad ubicada en la costa gerundense, vivió una jornada que sus habitantes no olvidarán. Los días anteriores al suceso existían comentarios que hacían referencia a una criatura de gran tamaño que divagaba por las costas cercanas a la localidad. Estos rumores eran tachados de inverosímiles o de fantasiosos, pero con el paso de los días se convirtieron en realidad. Los pescadores locales ya habían corroborado el avistamiento de un animal de gran tamaño, sin dejar constancia de ello a las autoridades locales. Horas posteriores al contacto visual, el misterio se esclareció: un gran tiburón blanco quedó varado en la playa, arrastrado por las olas y con claros síntomas de agotamiento. Las dimensiones del animal eran ciertamente espectaculares: 5 metros de largo y 1000 kilos de peso, un ser fascinante que llamó la atención de muchísimas personas que decidieron acercarse a primera línea de mar para contemplar de cerca un animal casi legendario.

La película Tiburón, estrenada en 1975, dibujó un retrato de los tiburones que aún hoy perdura en el subconsciente colectivo. El cine se encarga de representar universos que quedan marcados en la retina del espectador, lo mismo sucedió con el mundo espacial en 2001: Una Odisea del Espacio o con la cultura del casino en ¡Viva Las Vegas! Cabe destacar que esta imagen amenazante de los tiburones se aleja mucho de la realidad, ya que los casos certificados de ataques de tiburón en el Mediterráneo ascienden sólo a tres (uno tuvo lugar en Valencia, en la playa de Las Arenas, en 1993). Por lo tanto, la cantidad de ataques es muy baja.

Si volvemos a focalizarnos en el caso de Tossa de Mar, podemos seguir realizando una descripción cronológica en relación a los hechos que se desencadenaron tras el hallazgo del animal. La autoridad encargada de custodiar el cuerpo del escuálido fue la Guardia Civil, con órdenes expresas de que nadie lo tocara. La causa principal era la realización de una autopsia posterior que determinaría las causas de su muerte. Varias muestras de su organismo fueron recogidas por departamentos profesionales especializados en biología marina, como es el caso de los trabajadores del parque Marineland o el Departamento de Biología Animal y Vegetal de la Universidad Autónoma de Barcelona. Tras estas operaciones, el cuerpo del tiburón fue enterrado en una zona cercana al vertedero municipal.

Este caso nos invita a plantearnos una cuestión: ¿cómo es posible que un tiburón de estas proporciones se pasee por el Mediterráneo? Pues tenemos que romper los tópicos que definen ese mar como una zona con presencia inexistente de tiburones, ya que hay una gran cantidad de los mismos. Una muestra muy diversa que no excluye en ningún caso al tiburón blanco. Malta, Túnez y la costa de Sicilia presentan unas condiciones favorables para que este animal pueda vivir con total normalidad. En el Mediterráneo se pueden visualizar un total de 47 especies diferentes. El más común es el tiburón azul, conocido popularmente como tintorera. Todos los veranos tenemos constancia de noticias que guardan relación con el cierre de playas por presencia de tiburones, pues bien, éste es el protagonista de la mayoría de los casos. Su apariencia externa difiere mucho de la del tiburón blanco, ya que muestra una fisonomía mucho más estilizada que lo aleja de la estética agresiva del animal encontrado en Tossa de Mar. En la Unión Europea se cazan un total de 4.000 toneladas de este animal, empleando sobre todo su aleta para la elaboración de sopa.

En las Islas Canarias y en Baleares podemos encontrar uno de los tiburones más conocidos por el gran público: el espectacular tiburón martillo. Suelen nadar en grandes grupos y generan un espectáculo visual muy armónico y ordenado. Una coreografía marina que regala el mar a todo buzo que tenga la suerte de cruzarse con la misma.

Como vemos, la presencia de tiburones en el Mediterráneo es mucho más común de lo que podíamos presuponer. Hay que romper con estas ideas preconcebidas y tomar conciencia de que nuestro océano dispone de una biodiversidad muy heterogénea que obliga a ser preservada.

 

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