Relato Erótico: Hazme tuya y te haré mía

Marissa es una chica de 27 años. Es morena de ojos negros como el carbón y su piel es de un tono pálido. Se define así misma como “una bisexual muy pasional

Yolanda, la mejor amiga de Marissa, es castaña y de ojos color miel. Se considera así misma, como “una heterosexual muy exigente”.

Marissa y Yolanda comparten el mismo oficio. Ambas trabajan los fines de semana, como bailarinas y realizando shows espectaculares en una discoteca del barrio. Nunca se aburrían de su trabajo y la verdad es que el viejo verde de Luis, no les pagaba nada mal.

Fue el fin de semana de aquel mes de julio cuando algo cambió para las dos amigas.

Como cada sábado, llegaron puntuales a su puesto de trabajo. Encerradas en su camerino, se maquillaban y se preparaban para salir a actuar. De repente, Luis entró en el camerino malhumorado.

-“Solanum, está ofreciendo un show erótico y está llenando el local. Chicas, no sé qué es lo que vais a hacer, pero tenéis que hacer algo, lo que sea, para que la gente se venga del Solanum al Lunática, ¿me estáis escuchando?- Gritó Luis, mientras que su cara se enrojecía de la ira.

Ambas amigas asintieron con la cabeza y su jefe salió del camerino dando un portazo.

-Ains Marissa, ¿Qué vamos a hacer?. Esta noche perderemos toda la clientela y ya sabes que si no hay gente, no hay sueldo.-

-Estate tranquila Yol. Sé perfectamente lo que tenemos qué hacer para captar la atención de la gente. Pero para eso, necesito tu apoyo y que confíes en mi. Sólo saldremos adelante si tú quieres.

-Sí, sí que quiero. Pero ¿Qué tengo que ver yo en todo esto?. Dime, no entiendo porque tanto secretismo. Sabes que yo por el trabajo lo doy todo. Qué… ¿qué tengo que hacer?

-Hazme tuya Yol, hazme tuya y yo te haré mía. Sólo tienes que dejarte llevar. Te cuidaré tanto y te haré sentir tanto placer que olvidarás que hay cientos de personas mirándonos, te lo prometo. Dime que sí y saldremos ahí a llenar el local.

Yolanda con una tímida sonrisa, asintió a su amiga y ambas se dispusieron a cambiar de vestimenta.

Minutos después, las luces del local bajaron su intensidad, el reggaeton había sido cambiado por un tipo de música más sensual, más erótico. Marissa salió al escenario vestida con un conjunto de corset bajo pecho rojo, con el tanga, la liga y los tacones a juego. Marissa era fuego en el escenario.

Poco más tarde, cuando la música marcó el ritmo justo para su entrada, apareció Yolanda con su melena suelta y vestida con un conjunto de corset con falda de color blanco perla. Su liga y sus tacones estaban adornados de brillantes.

Ambas amigas comenzaron a bailar sensualmente acorde con la música. El erotismo que sus pasos de baile radiaban iban caldeando poco a poco el ambiente, y el local comenzó a llenarse de gente curiosa para ver que sucedía en aquel escenario.

Marissa comenzó a acariciar los muslos de su amiga y finalmente, acabó por obligar a su amiga a sentarse en una silla, cara al público. Ésta hizo caso, sin rechistar. Yolanda estaba asustada, nunca lo había hecho con ninguna mujer, y menos delante de tanta gente. Pero las caricias que las manos de Marissa ofrecían alrededor de su cuerpo, la iban tranquilizando y no tardó mucho en dejarse llevar.

Marissa sabía perfectamente lo que hacía. Llevaba mucho tiempo deseando acostarse con su amiga, pero nunca antes había tenido la oportunidad. Y ahora que la tenía no la iba a desaprovechar. Haría que Yolanda sintiera el mayor placer del mundo. La llevaría al éxtasis de una forma cariñosa, con amor. No iba a meter la pata, con su comportamiento bruto y salvaje que tanto le gustaba en la cama.

El ambiente ya estaba bien caldeado, Yolanda no podía pensar en otra cosa que no fuera el placer que las manos de su amiga le estaban ofreciendo con sólo unas caricias. Su piel se erizaba al paso de la mano de Marissa. Se sentó de rodillas ante su amiga y la miró a los ojos. Una conexión tuvo que haber entre ambas para que de repente, la una se abalanzara dando besos a la otra.

Se besaban con pasión, con lujuria, con deseo. Sus manos seguían su recorrido por el cuerpo, desatando y desabrochando todo aquello que se interponían en su camino para tocarse la una a la otra. Marissa separó bastante las piernas de Yolanda dejando bien a la vista al público, lo que ella en pocos segundos iba a disfrutar. Separó el tanguita blanco hacia un lado y automáticamente, en cuanto vio su pubis depiladito, se abalanzó con su boca hacia su clítoris.

Lamía, chupaba y mordía el clítoris de Yolanda, la cual, no podía evitar jadear a gritos. La lengua de Marissa era muy juguetona, demasiado juguetona, tanto que su amiga estaba perdiendo la cabeza.

Cuando parecía que Marissa había cesado en su intensidad al chupar y desgastar las fuerzas de su amiga, quien respiraba entrecortadamente, Marissa volvió a tomar el clítoris de Yolanda entre sus labios y comenzó a chupar como si estuviera chupando un chupete. A cada segundo que pasaba Marissa chupaba y chupaba más rápido. Cuando notó que un cierto líquido transparente se asomaba del ser de Yolanda, Marissa comenzó a beberlo. Bebía de él como si de agua se tratara. Chupaba, tragaba, y de nuevo volvía a meter el clítoris de su amiga. Sus dedos jugaban a entrar y salir de cada cavidad del cuerpo de Yolanda.

Los espectadores estaban bien calientes, observando aquella escena, de hecho a muchos, se les notaba a través de sus pantalones y a muchas por el contoneo de sus caderas inquietantes.

Las dos amigas, sin embargo, se habían olvidado del público. Sólo existían ellas dos, sentadas, en aquel escenario una gozando de la otra y la otra gozando por verla gozar. Yolanda no tardó en llegar al orgasmo y en vez de caer rendida, por el placer, lo que deseaba era tener aún más. Sin dudarlo, se tiró encima de su amiga, tumbándola bruscamente en el suelo, sin dejar de besarla.

La boca de Marissa tenía el sabor de Yolanda, lo que más enloquecía a ésta. Marissa estaba atónita, no se había esperado nunca que su amiga se abalanzara sobre ella y la tomara con la pasión como la estaba tomando. Yolanda había procedido al cuninlingus que le debía a su amiga, haciendo que ésta se fuera abriendo más y más. La lengua de Yolanda tampoco quedaba atrás a comparación con la de Marissa, pues ésta era más curiosa y era ella misma la que entraba en cada cavidad del cuerpo de Marissa. Luego permitía el acceso a los dedos y juntos la llevaban al mayor placer posible.

Yolanda se sentó encima del pubis de Marissa, poniendo en contacto, los clítoris y comenzó a restregarse con fuerza. Ambas sentían sus clítoris débiles por las lamidas, pero eso no impidió a que el placer que estaban sintiendo al notarse la una con la otra, les dejara disfrutar.

Sudaban, se frotaban y se acariciaban mientras que el deseo, el placer y el éxtasis las estaban enloqueciendo. El show era todo un espectáculo, la discoteca estaba completa y muchos entre el público se habían animado a practicar lo mismo que ellas.

Salieron muy contentas del escenario, habían logrado una vez su propósito.

Una vez en el camerino se dirigieron a la ducha para bañarse por separado, pero eso… finalmente fue imposible. Yolanda no pudo evitar entrar en la bañera mientras que veía a su mejor amiga desnuda tras la mampara. Quería repetir y repitió

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Acerca de Ana María, Martinez 99 Articles
Hola !. Mi nombre es Ana María Martinez y soy psicóloga especialista en Terapia Sexual y de Pareja. La vida íntima de cada individuo y cada pareja abarca un mundo muy rico en posibilidades y alternativas, que deben despertarse abriendo los sentidos, la imaginación y la disposición personal. “Amar no es solamente querer, es sobre todo comprender”

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