La vida al sol

Días de mentira.

Las lámparas artificiales en granjas consiguen que  los animales confundan el día con la noche y aumenten su actividad reproductiva. Más horas de luz igual a más pollos.

 

Relojes internos

Todos los seres vivos cuentan con relojes internos y ciclos orgánicos de funcionamiento. Pero esos ciclos deben “

ponerse en hora” con el mundo externo, sobre todo en aquellos lugares donde las condiciones cambian mucho a lo largo del año. En los trópicos, confundir enero con agosto puede no ser un problema grave, pero sí lo es en el norte de Europa. Si floreces cuando no debes, o te reproduces en la estación inadecuada, no tendrás descendencia. La evolución tiene, así, un importante incentivo para que los seres vivos se sincronicen. Y para eso necesitan los períodos de luz. Igual sucede con los ritmos diarios (llamados circadianos), importantes para decidir cuándo es conveniente dormir, por ejemplo, o a qué hora es más ventajoso florecer para pillar despierto al polinizador adecuado.

Así, nuestros cerebros ajustan nuestros ritmos internos mediante hormonas, y sincronizan con el exterior midiendo la luz exterior por los ojos. En general, nos ponemos soñolientos por la noche, y nos activamos durante el día. La longitud del día también nos afecta; respondemos a los días cortos con menor actividad y una tendencia depresiva. Por eso, en los países muy al norte, donde los días cortos son muchos (y muy cortos), se producen depresiones que en algunos casos se curan con luz.

El descubrimiento de la luz eléctrica propició los turnos de noche, para mantener operativas las factorías durante las 24 horas. Cuando los obreros empezaron a dormir de día y trabajar de noche surgieron síntomas de dolencias nerviosas: insomnio, irritabilidad… Cada órgano del cuerpo tiene diferentes ritmos, que se mantienen sincronizados con el período luz/oscuridad. Es posible cambiar día por noche del todo; los órganos tienen tiempo de volver a “ponerse en hora”.

Pero si se obliga al cuerpo a cambiar constantemente sus ritmos, el organismo se resiente. Hoy disponemos de la capacidad de olvidar los ciclos: en los parques de nuestras ciudades se puede leer el periódico en plena noche, y los lugares habitados pueden distinguirse desde la órbita terrestre. Hemos conquistado la noche, y al hacerlo hemos hecho más profunda la oscuridad que hay un paso más allá de nuestras lámparas.

Sin luz estamos ciegos e indefensos; por eso el demonio, el mal, es en casi todas las culturas el Príncipe de las Tinieblas. Pero no hay moral en la luz, como no hay voluntad en un alto césped blanco en el fondo de una cueva.

Animales con poca luz


Jaguares, murciélagos, tarántulas y búhos reales comparten el reino de las sombras. Son sólo algunos ejemplos de animales más activos de noche. Tienen los ojos grandes, el cuerpo pequeño, para camuflarse mejor a la luz del día, y el sonido o ultrasonido que emiten sus presas es lo que les guía cuando salen de caza. Pero lo cierto es que ninguno de ellos vive en total oscuridad. Aprovechan las cantidades mínimas de luz que llega de la Luna.

 

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