Trucos para conseguir un bizcocho esponjoso

cocinar un bizcocho

Cuando hablamos de cocina, y en concreto de repostería, uno de los dilemas que se suele tener es el de conseguir que un bizcocho casero quede tan esponjoso como querríamos. A veces no sube tanto como esperamos, otra puede quedar un poco seco… incluso puede quedar como un ladrillo de masa. Y es que hacer un buen bizcocho tiene sus secretos. Sí, es cierto que hoy en día podemos ayudarnos de robots de cocina, pero si lo queremos hacer de una forma más tradicional, existen algunos trucos que nos podrán ayudar a conseguir el resultado deseado.

Airear bien la mezcla

El secreto fundamental de un buen bizcocho, además del tipo de harina que utilicemos, es la cantidad de aire que contenga la mezcla cuando la vayamos a hornear. Y eso lo vamos a conseguir batiendo bien. Es aconsejable comenzar batiendo los huevos, y también utilizar unas varillas, ya que ayudarán a la integración del aire. Otro pequeño truco puede ser batir las claras aparte y llevarlas al punto de nieve, aunque eso no siempre será necesario.
También es importante tamizar la harina, porque así evitaremos la formación de grumos, que podrían apelmazar nuestro bizcocho. Lo mejor será ir echándola poco a poco a la mezcla de ingredientes líquidos (huevos, aceite, yogur, etc…) sin dejar de batir en ningún momento.

El molde adecuado

En el mercado existen muchos tipos de molde, y la mayoría nos servirán a la perfección. De lo que se trata, eso sí, es de que el que vayamos a utilizar tenga el tamaño adecuado. Porque si es demasiado grande, el bizcocho siempre tenderá a quedar plano, y eso es justo lo que queremos evitar. Queremos que quede alto, que suba.

Al horno de cabeza

Un punto importante que a veces no tenemos en cuenta, aunque casi todas las recetas de bizcocho lo especifiquen, es el de precalentar el horno al principio de todo el proceso. Y es que, una vez tengamos la mezcla batida de ingredientes batida y colocada en su molde, es crucial que la metamos en el horno de inmediato para que no pierda ese valiosísimo aire que le hemos estado introduciendo a base de batir sin parar. El horno ha de estar listo para recibir el bizcocho al momento. Por supuesto, hay que vigilar que la temperatura sea la adecuada y nunca abrir la puerta durante la primera mitad del horneado.

Vigila los cambios de temperatura

Es fácil que, una vez el bizcocho esté hecho, lo saquemos del horno y al momento se desmorone. Eso puede deberse a que fuera hace mucho frío y, si el cambio de temperatura es brusco, el bizcocho no lo soportará. Si es invierno procura tener puesta la calefacción o, de lo contrario, sácalo poco a poco. Déjalo en el horno apagado con la puerta abierta unos minutos antes de extraerlo del todo.
Si sigues estos sencillos consejos, obtendrás un bizcocho alto, tierno y muy esponjoso. ¡Que lo disfrutes!

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