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La inversión activa recupera su atractivo

La última década ha estado marcada por el asombroso auge de la inversión pasiva. Hay quienes llegaron a creer que la inversión activa, en la que el inversor contrata a un bróker o invierte por sí mismo, había llegado a su fin. La inversión pasiva abarca principalmente los fondos indexados, es decir, fondos que se limitan a replicar los movimientos de los principales índices bursátiles, como el S&P 500 de la bolsa norteamericana.

En el prolongado mercado alcista que comenzó tras la crisis de 2008, la inversión pasiva funcionó sorprendentemente bien. Pero lo cierto es que es algo lógico cuando el viento del mercado sopla a favor. ¿Pero qué sucede en tiempos de turbulencias? Que las caídas de los índices se trasladan íntegramente a los fondos indexados.

Afortunadamente, existe la inversión activa, que nos ofrece las herramientas necesarias para surfear la ola de todo tipo de coyunturas financieras, como vamos a ver a continuación.

Invertir en acciones específicas ofrece ventajas en este momento del ciclo

Como ya hemos comentado, la moda entre los inversores en los últimos tiempos fue olvidarse de elegir acciones y comprar índices de acciones de manera ciega. Pero la situación está cambiando rápidamente, con las volatilidades registradas en los principales índices bursátiles.

Por eso, invertir en acciones de manera activa resulta hoy más atractivo que nunca: podremos elegir acciones específicas en los sectores mejor preparados para resistir escenarios financieros como el que atravesamos, marcados por la inflación y las subidas de los tipos de interés del dinero.

Por ejemplo, podremos evitar acciones tecnológicas sobrecalentadas y optar por otras que tengan una mejor resiliencia en tiempos de dificultades macroeconómicas, como pueden ser las de empresas relacionadas con las materias primas o las grandes compañías de consumo defensivo.

En última instancia, invertir en acciones individuales nos da libertad como inversores y nos permite armar una cartera de acciones adaptadas a nuestros propios criterios, conocimientos y perfiles de riesgo.

Invertir en inmuebles especiales también puede marcar la diferencia

Al igual que ha sucedido con los fondos indexados, hay quienes en el mercado inmobiliario compran sin seleccionar: adquieren propiedades cuando el mercado sube porque esperan obtener ganancias al margen de las características del inmueble en cuestión.

Pues bien, ahora que el mercado inmobiliario se encuentra algo hinchado, puede ser buena idea adoptar criterios activos de selección para evitar llevarnos sorpresas desagradables en caso de caídas de los precios de las viviendas.

Por ejemplo, puede ser interesante optar por inmuebles que tengan características especiales (primera línea de playa, ubicación en zonas de alta demanda como cascos históricos o zonas turísticas, etc.). Estas propiedades suelen responder mejor ante presiones bajistas y pueden incluso subir de valor al margen de los ciclos económicos.

En conclusión, los tiempos de indexarse pasivamente a un fondo o de comprar cualquier tipo de bien inmueble y obtener rentabilidades positivas podrían haber pasado, al menos hasta próximo aviso. Parece que vuelve a ser el tiempo de la inversión activa, en la que el factor humano vuelve a ser plenamente relevante y permite implementar estrategias que se adapten a todo tipo de coyunturas, como los mercados bajistas o laterales.

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